The Napkin Tales

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Aurelio Ascencio

Aurelio Ascencio

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🎶 Léela escuchando: “Florian Christl - November” 🎶

Aurelio Ascencio Reyes Morales recordaba sus centenares de apellidos, pero no solo eso, él podía recordar todo a la perfección… era el hombre con la memoria infinita. Podía recitar incluso el lugar y hora exacta del nacimiento de su tataratataraabuela. Lo único que necesitaba para acceder a su memoria era algún objeto, un olor o sabor asociado al recuerdo; entonces su mente hacia lo suyo y Aurelio Ascencio Reyes Morales recordaba absolutamente todo.
Tocaba un piano y setecientas imágenes de su infancia volaban en su cabeza. Rozaba con los pies el agua y recordaba un viaje en Portugal. Comía un caramelo y recordaba su primer beso, olía una flor y recordaba a su madre.
Y como siempre lo bueno y lo malo vienen atados en la vida: el problema de recordar todo, es que también recuerdas los malos recuerdos.
Aurelio Ascencio Reyes Morales se había prohibido a si mismo el café, a tal grado que todos los días caminaba cuatro cuadras más para evitar pasar cerca de una cafetería. El simple pensamiento del olor a café lo ponía a temblar. No se diga lo que le provocaba su sabor; era una sensación terrible, asfixiante y horrorosa. Un trago al café y las memorias de su difunto amor le llenaban el cuerpo, era vivir la emoción de un amor para luego caer en el dolor de perderlo para siempre.
Pero en una tarde de Noviembre, la maldita vida -que es injusta- le cierra las calles y lo obliga a pasar cerca de una nueva cafeterĂ­a. Aurelio huele una nota a cafĂ© tostado y sin darse cuenta ya está bebiendo un espresso cortado, y asĂ­ las venas le estallan en dolor, el corazĂłn le explota y las lágrimas se le escurren en los parpados. RecordĂł todo y sufriĂł todo. Pero algo cambio, el dolor fue espantoso pero despuĂ©s de llorar por horas se sintiĂł un poco más ligero.
Y así, afrontando la crueldad de la vida que le había tocado, todos los días se sentaba y tomaba un trago de café, sufría por dentro sin que nadie lo notará y volvía a vivir. Porque Aurelio Ascencio Reyes Morales decidió que prefería recordar y sufrir…

a olvidar y no sentir.


Siempre me ha gustado hablar de lo extraordinario, de hombres cotidianos con superpoderes. Estos seres que en su dĂ­a a dĂ­a se enfretan a situaciones mundanas pero que tienen que sobrepasar. Muchas veces esos retos son algo tan "sencillo" como olvidar a alguien. 

Esta historia tiene algunos tintes del estilo de Garcia Marquez. 

Llorar

Llorar

Amar es dar un martillo

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