Mis futuros contigo...
🎶 Léela escuchando: “The Intermezzo Orchestra - 12 Years a Slave” 🎶
Y pudiendo ser, no fuimos;
Porque hasta de esperar el tiempo se cansa.
Y teniéndonos, nos soltamos;
Porque hasta las cadenas se desgastan.
Y éramos tanto, que terminamos en nada.
Porque ni a un arcoíris le caben todos los colores.
Y ya no toco a tu puerta cerrada,
Porque sé que todos mis futuros…
ya no son contigo.
Cuando tomé esta foto en San Miguel de Allende un hombre se acercó a decirme: "Que buena foto". Me dio mucha risa el comentario, fue un poco inesperado. Tiempo después al ver la foto supe que el hombre desconocido tenía razón... El color de la pared y la puerta vieja crean esa aura de nostalgia, de impotencia, de pasión atrapada detrás de un cerrojo.
- En otros temas. Este tipo de canciones me encantan, son sonidos potentes que te van llevando a un lugar, que van creciendo en fuerza y emoción. Aprovecho para recomendarles la película de mismo título: 12 years a slave.
Yo ya no lo siento.
🎶 Léela escuchando: “Emily Rubye - Sad News” 🎶
Ella lo miró como todos los días, Él la miró como nunca antes. Hablaban de lo que hablan las parejas que llevan años juntos, de los días que pasan, de los cumpleaños que se cumplen, de los planes del futuro. El cielo se cortaba en rojo como si sus rasguños intentaran decirles algo.
Las manos de ella se calentaban con el café, las manos de él se enfriaban por los hielos en su vaso.
Ella sonreía, él ya no lo hacía.
Él pensó en decir algo, ella solo habló de su día.
Y así pasaron las semanas que formaron meses y así las décadas se acumularon; y es que así se forman vidas juntos de los que no tenían que estarlo. Porque se siente mejor el abrazo tibio de una relación, que el viento helado en la espalda de la soledad. Por eso hay tantos que caminan juntos pero no van al mismo paso, por eso hay tantos que cuando sus manos chocan ya no salen chispas.
Porque es más fácil decir “yo también te quiero” a decir “yo ya no lo siento.”
Hace mucho no subía una foto tomada con el celular, pero este atardecer fue irreal.
Viví en Panamá por dos años y medio y hay pocos lugares donde los atardeceres son tan impactantes. Siempre parecía como si el sol se razgara a la mitad y dejara ver unos colores rojos, como si debajo del azul tuviera esos tonos ocultos.
Su sonrisa
Léela escuchando: "Craig Armstrong - Moscow Variation"
Y a veces uno se siente como la nota en el tablón de avisos
que todo mundo mira excepto la persona indicada.
Y cuando uno está por darse por vencido,
la vida te da una cachetada.
Te despierta de un manotazo
y te dice que no solo con los ojos se puede mirar.
Porque ahí está ella,
en frente de ti,
caminando de naranja o de azul,
o de negro.
Y esta soleado o nublado,
o llueve horrible,
pero su sonrisa no le teme al mal clima.
Y como una buena canción
se te cuela por un oído,
te recorre la espina
y te hace temblar los brazos.
Ella te tira una sonrisa que te regala vida,
te hace sentir que el mundo cabe entre tus cachetes.
No sé quién era,
pero en otra vida quiero reencarnar…
en su sonrisa.
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Esta es una foto que tomé cuando menos me lo esperaba, habia tomado unas fotos en el centro de San Miguel de Allende y cuando giré en una pequeña calle vi a una mujer caminando con un vestido naranja que combinaba con las paredes de su alrededor.
Después de tomar la foto, ella siguió caminando y me regaló una sonrisa que me sirvió de inspiración para el texto.
Una sola foto
🎶 Léela escuchando: "Sleeping at Last - Atlas: Hearing" 🎶
Con una sola foto.
Cómo puede una fotografía transmitir tantas emociones,
tantas memorias entrelazadas entre luz y sombras, entre tanta tristeza y melancolía.
Cómo puede una mirada quedar guardada y una mueca quedar plasmada en la eternidad,
cómo puede ser.
Es un momento grabado, robado de sus dueños.
Es una historia jamás escuchada porque nunca fue contada.
Ellos solo me veían, diciendo tanto con los ojos y gritando en el silencio.
Expresaban toda una vida en una mirada, me hablaban sin mover la boca, en un idioma que no conocía, pero si entendía.
Y solo me pedían una cosa,
que contará su historia…
con una sola foto.
Finales
🎶 Léela escuchando: "Joel P West - Endings" 🎶
Nunca me han gustado los finales.
Nunca me han gustado las despedidas.
Son ese momento donde todo acaba, donde las palabras siempre faltan y donde las canciones terminan.
De un momento a otro ya no eres el mismo, hay algo que ya te falta y la despedida todavía no empieza. Y entonces se miran por última vez, se dan un abrazo de cortesía; un gesto político que no expresa el volcán en el pecho, el tornado en la garganta y las palabras revueltas bajo la lengua. Es un huracán de sentimientos estancado en el estómago.
Se dirán adiós y una última sonrisa enmascara a la tristeza. Se alejarán.
Así son las despedidas, contundentes e inevitables.
Así son los finales, secos y cortos.
Pero tienen una cualidad, porque cada final es un nuevo principio; porque no hay historia que no haya comenzado… gracias a un final.
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Siempre me ha gustado hablar de los finales. Son esos momentos que tienden a ser tristes, amargos y algunas veces agridulces; pero es interesante como logramos trascender y transformarnos gracias a ellos. Nadie es el mismo después de un final. Nadie puede seguir siendo el mismo después de tener algo y perderlo.
La historia de los dos valientes…
Léela escuchando: "Stefano Guzzetti -Me and You"
Llegará esa noche cargada de negro con pocos colores y sonidos. Donde me quede sin poder escribirte. Donde ya no tenga algo que extrañar de ti.
Dejaré de escribir, no por no tener que decir, si no por ya no sentirte, por ir olvidando tus olores, tus sonrisas y tus risas. Ya no dolerás porque ya no existirás. Serás un dibujo borroso, un nombre que no se recuerda, un teléfono que ya no suena.
Y no llegamos a nada. No fuimos el amor del siglo, ni de la década. No fuimos lo que prometimos que seríamos.
Nos seguiremos pensando, pero sin hablarnos. Nos olvidaremos. Tú seguirás mirando los ojos de otro y yo seguiré despertando junto a manos extrañas.
Dejaremos de ser tú y yo y nos convertiremos en un vago recuerdo, en un cuadro colgado que nadie mira, en una postal extraviada. Seremos una memoria con sabor a deja vú, seremos la mejor historia de amor que jamás fue publicada.
Nadie recordará nuestra historia.
La historia de los dos valientes…
que el amor volvió cobardes.
Memorias de Taleb
Léela escuchando: "Max Richter - The Vel d'Hiv"
Parte 1
Con los ojos llenos de sangre intentó ver algo. Giró la cabeza y pudo ver a un hombre de camisa blanca alejándose. Movió el brazo y sintió una punzada enfriarle el cuerpo entero. Quiso mover las piernas, pero no obtuvo respuesta. Hizo un esfuerzo más por levantarse, pero solo consiguió que el dolor de sus huesos lo llevara a desmayarse. Sus manos ensangrentadas golpearon el concreto frío del suelo.
Una patada en las costillas lo despertó. Seis botas negras y afiladas le movían el cuerpo.
“Hey, levantese” dijo uno de los policías.
“¿Es usted Taleb?” preguntó el otro leyendo.
El corazón de Taleb se detuvo en seco.
“Muévanlo. Es tan solo un borracho.” dijo el comandante.
Taleb sintió los brazos fornidos levantarlo a la fuerza. Lo escoltaron unos metros y lo empujaron fuera del callejón. Las rodillas se le tambalearon y azotó una vez más contra el suelo. Los policías rieron y le arrojaron una cartera y un celular. Una vez más sus parpados se cerraron.
El sol brillaba quemándole la nuca, Taleb movió sus manos que habían recuperado la fuerza y logró sentarse. Miró sus manos. Estaban limpias.
La gente caminaba a su alrededor esquivándolo, no lo miraban como si fuera alguien invisible.
El celular sonó. Era un número desconocido.
“Hola” dijo dudando.
“¿Taleb?” preguntó una voz femenina “Estás vivo”.
“¿Quién habla?” insistió Taleb mientras se levantaba.
“¿Tienes la clave?” preguntó la mujer.
La cabeza de Taleb daba vueltas, el esfuerzo lo había mareado, recogió la cartera y la metió en la bolsa del pantalón.
“No sé de que ha…” antes de terminar la frase sintió dentro de su bolsa una servilleta. La sacó, la extendió y vio una serie de letras y números.
“Aquí la tengo” contestó en un intento de aclarar su mundo.
La mujer no contestó y colgó el teléfono...
Parte 2
Taleb respiró aire, una bocanada que le debía de saber a oxígeno pero tan solo le supo a preocupación.
Una tripa en su estómago se retorció, camino dos calles y dobló en la esquina. Con cada paso que daba tenía la sensación de que alguien lo seguía. Intentó ignorar el pensamiento y se concentró en ordenar algo de comer en el puesto de la calle. Una pequeña camioneta plateada con una parrilla integrada en su interior. Las brasas ardientes cocinaban pedazos de carne y calentaban el pan. Un olor desagradable llenaba la calle.
Taleb ordenó un plato, dio dos mordiscos al pan con carne, y de pronto sintió un metal frío en el cuello.
"Levántate Taleb".
El rostro tieso de un hombre en traje se reflejaba en el metal del puesto de comida.
"Entrega la clave y toda tu vida volverá a la normalidad"
Taleb sintió gotas de sudor formarse debajo de sus axilas.
"Anda!" Gritó el hombre empujando el cañón contra la nuca desnuda de Taleb.
La gente miraba la escena sin mostrar emociones, como si fuera la escena de dos amigos platicando.
"La tengo en la bolsa". Taleb metió la mano y sintió la servilleta. No valía la pena arriesgar su vida por un simple papel. Sacó la mano con la servilleta arrugada y cuando se disponía a entregarlo, un pensamiento le traspasó el alma. Sin poderlo pensar dos veces lanzó el papel hecho bola a las brasas de la parrilla.
El hombre intentó atrapar el papel en el aire con la mano que le quedaba libre. Todo pasó en cámara lenta.
Taleb aprovechó la distracción y corrió a todo pulmón entre la gente. El papel se desintegró en un solo segundo mientras el hombre gritaba en agonía.
Las calles estaban llenas de personas que caminaban mirando sus celulares. Taleb esquivó a varios y empujó a otros cuantos. Se escondió entre dos edificios que formaban una calle angosta y recuperó el aire. Miró sus manos vacias. ¿Qué significaban esas letras y números? ¿Por qué era tan importante esa clave? Y sobre todo, no entendía el por qué sentía dentro de su cuerpo una adrenalina sobrenatural por proteger ese insignificante papel. Los cuestionamientos se encasillaban sin llegar a una respuesta, parecía como si en su mente se hubieran formado barricadas entre las memorias. Sin embargo un recuerdo permanecía intacto, habia logrado memorizar a la perfección el contenido de la servilleta.
Taleb suspiró y sintió algo frío tocarle la nuca.
Los músculos se le tensaron y los hombros se le encogieron, pero esta vez no era una pistola lo que lo tocaba...
Era una mano.
....
Parte 3
La mano era delicada, con unos dedos largos y delgados como si su propietaria fuera una pianista.
Taleb giró la cabeza lentamente y vio por primera vez a la mujer que le tomaba la nuca.
"Tranquilo. Sígueme."
Dijo la mujer con una voz profunda y serena.
Se movía con ligereza, vestía una túnica naranja que la cubría hasta los tobillos. De su cuello colgaba un collar de piedras verdes.
Taleb la estudió de pies a cabeza.
Era hermosa a su propia manera. Sus facciones no eran finas ni toscas, tenían un balance perfecto. Sus ojos se movian a gran velocidad, eran grises y llenos de vida. Su cuerpo era una mezcla de todas las razas del mundo, tenía un brillo dorado en la piel como si todos los días regresara de la palya.
"Becca" dijo la mujer extendiendo la mano. "Parece que no me recuerdas".
Taleb le dio la mano y pudo sentir el calor de su piel. En su pecho sintió un ligero cosquilleo.
"No tenemos mucho tiempo. Sígueme." dijo Becca.
A Taleb le vibraron las manos pero decidió seguirla.
Andaron por unos minutos hasta llegar a un parque, lo cruzaron y se toparon con un barrio repleto de bares y comercios. Entraron a un restaurante italiano, llegaron hasta la cocina y abrieron una puerta metálica.
"Entra" ordenó Becca.
Taleb sentía sus manos sudar. ¿Qué era todo esto? ¿Y sí Becca había sido enviada por el hombre de blanco? Las dudas se le acumulaban en la garganta, pero no le quedaba nada más que hacer. Entró y se encontró con una pequeña salita con una hamaca, una cocineta y una televisión con el canal de noticias encendido. En el centro de todo había una mesa y dos sillas que parecían estar hechas de plástico derretido.
Becca hizo una seña y Taleb se sentó frente a ella.
"Pregunta" dijo Becca, "Debes estar muy confundido".
"¿Qu..Qué hago aquí?” la voz de Taleb se cortaba. “¿Qué es el código? ¿Quién era el hombre que me seguía?"
"Espera, tómalo con calma. Tu mente está intentando recuperarse". Becca se levantó y preparó un poco de té. "Continúa hablando… Necesito entender que tanto de tu memoria borraron".
Parte 4
Taleb se aferró a la silla al escuchar esa respuesta.
"Tranquilo… Poco a poco iras recuperando la memoria." Dijo Becca con una voz cálida.
Taleb sintió un poco de alivio en el mareo de sensaciones que le traspasaban el cuerpo, relajó los hombros y respiró tratando de ordenar sus ideas.
"¿Qué es lo último que recuerdas?" Preguntó Becca.
"Estaba en el suelo afuera de algo que parecía un prostíbulo, tenía sangre en las manos, pero cuando desperté..."
"¿No tenías sangre?"
"Exacto, desapareció."
"Hmm, interesante. ¿Y recuerdas que hacías ayer?"
"Me quedé en casa con mi esposa."
Becca se acercó con las dos tazas de té, las dejó en la mesa y posó una mano sobre el hombro de Taleb.
“Ayer no estabas en tu casa” dijo Becca mirándolo con ternura.
“¿De qué hablas? Recuerdo haber ido al trabajo y hablar con mi esposa” contestó enojado Taleb.
“Bebe un poco de té” insistió Becca.
“Creo que esto no es buena idea” dijo Taleb levantándose de golpe.
Becca suspiró y dejó que diera unos pasos hacia la salida.
“Tú esposa murió hace diez años.”
Taleb se quedó quieto mirando hacia la puerta, su espalda ancha se adelgazó en un segundo.
Parte 5 - será publicada el sábado 22.
Me duraste una nota y yo esperaba una canción
Léela escuchando: "Peter Broderick - Eyes Closed And Traveling"
Y con los ojos cerrados supe que todo estaba por acabar. Que iluso fue pensar que un rayo puede durar más de un segundo, que lo nuestro podría ser tanta chispa… y no quemar.
Solo los tontos creen que el amor es la calma y no la tormenta. La lluvia que tarde o temprano se acaba, lo que dura es el hábito, la rutina, la costumbre. El amor es lo más frágil de todo, es un mal luchador, un navegante torpe que necesita de dos marineros remando, porque si uno no rema el bote no avanza.
Y en la foto nos quedaremos solos, como cuando llegamos, mirando hacia el vacío. Recordando lo que alguna vez estuvo lleno, ocupado y ahora… ahora no hay nada.
Tengo mis dudas, el amor se acaba pero el vacío se queda. Tal vez solo se trata de irse desarmando por la vida, ir dejando una mitad aquí y otra allá, hasta que nos queda tan poco que con poco nos basta.
Me duraste una nota y yo esperaba una canción, fuiste una escena cuando yo esperaba una película. Y cuando todo termine los créditos aparecerán, tú nombre junto al mío por un instante más.
No me advertiste que no sabías perdonar, que en la escuela habías reprobado moral, que nunca te enseñaron que el ego no se lleva con el corazón. Me dejaste con el brazo extendido, como si pidiera limosna, cuando yo solo quería… que me dieras la mano.
La montaña no me da miedo
Léela escuchando: "Daniel Hart - Part of That Strange Dream"
Hay veces que miro al cielo y me siento impotente, veo las miles de estrellas pintándose hacia el infinito y me siento enano.
Una nube sobre un valle, una montaña sobre un cuerpo de agua; y luego yo, tan pequeño, tan insignificante contra todos ellos, y te miro y me miras, y veo tus ojos que se me hacen tan ordinariamente hermosos, tu sonrisa tonta medio chueca.
Te veo, te toco, me voy desarmando, me voy deshaciendo; te miro y no me siento tan minúsculo, pero me siento frágil. La montaña me hace sentir pequeño y tú me haces sentir grande, la montaña no me da miedo, pero tu amor... sí.
Quitarle la sal a todo el mar
Léela escuchando: "Bruno Bavota - If Only My Heart Were Wide Like the Sea"
Estas palabras que no son las justas pero son las exactas, están ordenas para que sean leídas en voz alta.
El momento nunca va a ser el correcto y el tiempo nunca girará para atrás. Me atengo a las consecuencias de lo que estás oraciones te puedan provocar.
Dicen que nunca se ama tanto como al principio y que nunca duele tanto como al final; que te digo, contigo fue dolor y amor desde el primer verso. Tal vez debamos de aprender de las olas que se repliegan en el momento justo, tal vez tengamos que aceptar las perdidas y recoger las cartas.
Tal vez no bastó que le quitara la sal…
a todo el mar.
Don Fermin
Léela escuchando: Sleeping at last - The Spring
Esta es la historia de Don Fermín.
Cincuenta años recién cumplidos, no sale sin su abrigo, camina deprisa, miedo a las alturas, al amor y a los puentes. Recorre la ciudad a pie, bajo su brazo siempre un libro, bajo su sombrero la esperanza de volver a querer a alguien. Es viudo.
Esto sucede el lunes veinticuatro a las seis con cuatro. Ella camina en dirección opuesta, se cruzan en un túnel. Ella tiene cuarenta y altos, divorciada. Las miradas juegan a encontrarse, chocan, hacen que sientan lo que hace décadas habían olvidado. Don Fermín se detiene en seco, la mira pasar de largo, toma la poca valentía que le queda y se lanza tras ella. Pero el destino es cruel, ella comienza a subir unas escaleras empinadas, y al pobre de Don Fermín el vértigo lo toma del cuello. Respira hondo y solo mira al suelo, camina decidido cuesta arriba, le sudan hasta los parpados, ya puede sentir su perfume, esta tan cerca de alcanzarla y... ella gira a la derecha. Ahora, un puente. El único de toda la maldita ciudad. Suspira, mira al cielo y pide un poco de piedad, da un paso y siente como si el piso se le desvaneciera, aprieta los ojos y da otro pequeño pasito, la mira alejarse, ahora quien lo va a salvar, se queda sin ella y en medio de un puente, solo falta que llueva hoy que no trae su abrigo. Le cae una gota en la frente. Jala aire, aprieta los puños y decidido cruza el puente como un soldado cumpliendo una misión...por poco y se desmaya. Trota y la alcanza, ella gira… Lo mira. Él siente sus adentros revolverse, la garganta cerrándosele y en un último acto de valentía le dice “hola”.
Esta es la historia del valiente… Don Fermín.
Leuce
Léela escuchando: "Daniel Hart - Fmk"
“Como muchas cosas en la vida que llegan inesperadas, llego ella.
De cariño le decía ‘Leuce’ una vieja amiga que comenzó a acompañarme después de unas vacaciones en la playa. Vivimos juntas desde que tenía ocho años, me vio sonreír por última vez y llorar de tristeza y dolor… de una extraña forma me enseñó a odiar la vida y también a apreciarla.
Todo pasó muy rápido, yo regresaba emocionada del viaje; había visto un atardecer rojo, había hecho un castillo de arena, había tocado una tortuga y de pronto –ya en la fría ciudad- apareció ella, de la mano de un doctor y la quimioterapia. Un simple papel que cambiaba mi vida, un simple examen que me declaraba enferma, que me obligada a reconocer que mi cuerpo ya no solo era mío, sino también de alguien más, de una tal Leucemia que se iría comiendo mi medula ósea.
Pero hoy, Leuce, me despido de tí después de tanto pelearnos, de tanto luchar. Te doy las gracias por enseñarme que lo único que no podemos dejar de hacer… es dejar de sonreír.”
Me aleje de ti
Léela escuchando: Gavin Mikhail - Scared to be lonely
Me alejé de ti.
Hui de ti por no saber cómo explicar el cóctel de sentimientos que llevaba dentro,
cómo poner en letras el terrible miedo a estar sin ti.
Di media vuelta y corrí, pero en verdad me quedé ahí. Quien salió nadando fue este corazón que se robó las palabras que más necesitabas.
Dejándome callado. Dejándome mudo y dibujando balbuceos de enunciados que no eran ciertos.
Me alejé de ti… sin irme.
Y aquí sigo, donde nos quedamos. Con los sentimientos que dejaste retumbando cada noche, martillando en la lápida de todo lo que pudo haber pasado.
Por no decir nada, por dejar al silencio hablar.
Por olvidarme que lo único que querías escuchar… es que yo sentía lo mismo.
Ministerio del Amor
🎶 Léela escuchando: “Michael Logozar – First Dance” 🎶
En el ala oeste del Ministerio del Amor, está mi escritorio. Es una zona olvidada, vieja, una reliquia. Mi trabajo consiste en revisar cartas hechas a mano, pero ya no quedan muchas. La gente ya no escribe. Reviso lo poco que se redacta en el mundo: Una nota en San Valentin, un “post-it” en un cumpleaños, una dedicatoria en un libro. Uno que otro romántico que escribe un verso, una carta anónima en una biblioteca.
Mis horas en el Ministerio están contadas, mi jubilación pronto… será obligatoria.
Añoro los viejos tiempos, las letras acumulándose, las cartas haciéndose montañas en mi lugar. Una mujer emocionada abriendo un sobre, aspirando el olor a otro lugar, leyendo las palabras de un pretendiente. La espera a que el cartero llegara, los nervios al reconocer la letra; sentimientos plasmados sin tanta pretensión.
Ahora todo es diferente.
Que si escribe mucho, que si solo una línea. Que si puso una sonrisita o solo dijo “ok”.
Aguanta tres días, espera para contestar, hazte del rogar. Que si lo vio, que si no lo leyó, que si se tardó.
Olvidar como era en vivo para juzgarlo por tres mensajes.
Tanto orgullo en tan pequeña pantalla, tanta táctica y tan poca honestidad.
Tantos mensajes leídos… no correspondidos.
Tanto juego que el amor… se cansó de esperar.
Esta foto es de Noruega, una estructura que se eleva desde el agua y que me hacia imaginar que un castillo se ocultaba debajo. Para ese entonces me encontraba leyendo "Todos los Nombres" de José Saramago y me inspiró su satira, su forma de burlarse del mundo en el que a veces vivimos. Ese mismo mundo donde complicamos el amor, donde olvidamos las letras... por cubrir nuestas emociones.
Siempre Todo Muere
🎶 Léela escuchando: "Tracey Chattaway - The Bellows" 🎶
Todo se acabó, se nos terminó. Por qué siempre todo tiene que ser tan temporal.
Debí de verlo venir, nada nunca dura lo suficiente. Siempre todo muere.
Quedarán huellas en la arena que otros borraran, marcas en tu cuerpo que otras caricias destruirán.
Por qué siempre todo tiene que ser tan temporal.
Al final todos mis futuros no fueron contigo, todas nuestras risas nadie las escuchará. Les escribiré a todas pero tú no me leerás; no hay un atardecer que dure el día entero, no hay un amor que dure cien años. Nos creímos diferentes y no lo fuimos.
Por qué siempre todo tiene… que ser tan temporal.
Esta foto la tomé en Acapulco, en una playa hermosa de México. El sol se quedó flotando sobre el mar varios minutos y fue un atardecer que pareció durar años.
En cambio el texto habla sobre lo poco que duran las cosas. Me gusta este tipo de juego de dualidades, sobreponer cosas contrarias para ver el resultado, para ver el contraste que se genera y el sentimiento que provoca.
Hay amores...
Léela escuchando: "Bruno Bavota - Beyond the Clouds
Te regreso lo que pasamos juntos, las risas y las sonrisas. Las primeras veces que tuvimos y todo lo que sentimos. Estoy seguro que te servirán más a ti. Que vas a volver a vivirlas, que serán un nuevo recuerdo grabado sobre el mío.
Toma todo, no dejes nada. Sobrescribe nuestra historia.
Recicla las miradas, repite el mismo beso, da la misma caricia; todo eso te será útil para el hombre que llegue… o con el que estés.
Abrázalo igual que a mí, apriétalo. Deja que se meta en tu cabeza como yo lo hice, que se robe tus pensamientos, que te haga sentir tanto... en tan poco tiempo.
No creo que exista un amor igual a otro, cada amor tiene su tinte, sus tonos, su pasión y su color. Pinta sobre mi amor, avienta la pintura sin compasión, mancha todo y que no quede rastro de lo nuestro. Porque no creo que un buen amor se defina por acabar juntos. No todos los amores son eternos.
Hay cosas que se acaban antes de tiempo, y hay cosas que el tiempo no quiere que acaben.
Hay amores que se tienen que esconder entre los muros de una ciudad, que brillan tanto que se tienen que ocultar debajo de un tapete en la entrada, entre las ventanas y las almohadas, entre todas las cosas que fueron testigos de lo mucho y tanto… que alguna vez se quiso.
La Carta Que Carlos Slim Necesita Leer
Querido Carlos,
Aprovecho que no nos conocemos para proponerte una idea imposible, una idea absurda.
Qué pasaría si el hombre más rico de México donara el 50% de su fortuna al país…
Espera, antes de que dejes de leer, acompáñame por dos minutos.
Hoy noto algo extraño, hay un país dividido. De un lado, los de siempre, los que llevan 40 años criticando, los que se quejan del gobierno una y otra vez y nada cambia. Del otro lado, hay un nuevo grupo, unos mexicanos que ya están hartos de quejarse y que en cambio, deciden hacer algo al respecto… entienden que si quieren cambio, ellos tienen que cambiar. El tema es que no pueden solos. Yo traté: les grité, les escribí y traté de inspirarlos, pero les falta algo que detone ese cambio positivo.
Yo no podía solo, así que pensé en ti.
¿Pero qué te motiva a ti Carlos?
No puede ser el dinero, ya has sido el hombre más rico del mundo.
No puede ser la fama, ya has sido portada de muchas revistas.
No puede ser dejar un patrimonio, el futuro de los nietos de tus nietos está asegurado.
Entonces cómo quieres vivir las décadas que te quedan, cómo quieres que sean los últimos días de tu vida…
Te propongo un idea, que tus últimos años te forjen en la historia, no como una portada de Forbes o como el hombre más rico del mundo, si no como el hombre que cambio a México; el parteaguas en la historia de nuestro país…
El hombre que con el 50% de su fortuna, creo las mejores escuelas gratuitas que este país ha visto.
Escuelas hechas por él, porque él sabe que la educación es la única forma de combatir la ignorancia y la corrupción. Escuelas Slim, gratuitas y efectivas. Carlos Slim el hombre que educó a México, que hizo que la gente de este país dejara de ser ignorante. El Ingeniero Slim, el que dejó un legado… la educación en México.
Creo en ti, en que eres el hombre que puede impulsar a toda una nueva generación a pensar diferente, a creer que el cambio es posible, que podemos ser menos corruptos y más patriotas, más educados y más cívicos.
Sería increíble verte declarar en televisión nacional que tu riqueza se va a convertir en la mejor educación de Latinoamérica, que aunque muchos creían que México no te importaba, les mostraste que sí te importa; que tanto te importa que hasta hiciste lo que nadie había hecho en nuestra historia… Y no solo eso, también nos retarías a todos los ciudadanos a hacer nuestra parte; porque México es responsabilidad de todos.
Esta, es solo una carta abierta para pedirte que seas el símbolo de honor del país, que nos enseñes a los mexicanos que hasta lo que parece imposible… es posible.
Que en el futuro se otorgue la medalla de reconocimiento Slim a quienes hacen hazañas por el país, a quienes ponen en lo más alto a nuestra patria, a quienes trascienden su época.
Que dices Carlos…
¿Nos dejas un legado?
Atte: México.
Tomados de la mano
Esta es una historia con final feliz, pero sepa usted que en una historia de amor, no todo es rosa, es más una mezcla de rojo con negro, de afecto y miedo; porque el amor de verdad no se sostiene solo de sonrisas.
Ella, una mujer que no esperaba nada, que vivía la vida lo mejor que podía, o cuando menos se convencía de que así lo hacia. Lo conoce a él, cree que es el amor de su vida y en una fiesta se lo encuentra con otra. De esas medias vueltas que da el destino para hacer interesante el guión de la existencia. Entonces lo conoce a "él", en mayúscula "ÉL"; ni el más guapo ni el más rico, pero el maldito que la hace reír cuando ella quiere asesinar a alguien.
Ella descubre que el amor no siempre aparece vestido de etiqueta, porque no es elegante, necesita de raspones y locuras. De locos como este que llegan hoy a contarme esta historia, de un hombre y una mujer que se quieren y se odian, que ríen y que lloran. Pero todo eso... tomados de la mano.
Caminando lento
Léela escuchando: "Johannes Borniof - Hunger, Thirst"
Volteó la cara y con la voz ronca dijo: “¿Por qué caminas tan rápido?”
Sus ojos hinchados y rojos me miraron sin parpadear.
“Son cuatro kilómetros y todo es igual, arcos y más arcos; si tienes prisa mejor regresa… O mejor disfruta del camino.”
Su piel era blanca y se le notaba reseca, descuidada.
“Yo soy dueño de este Torii” dijo mientras tocaba uno de los arcos anaranjados. “Cada uno es donado por algún empresario japonés, porque se dice que el espíritu del dios Inari le concederá fortuna y éxito en los negocios. Hay miles de arcos y cada uno cuesta más de diez mil dólares. Es ridículo.”
Se giró por completo y un reflejo me golpeo la cara, en sus manos llevaba una urna de metal. Mi expresión me delato, él supo al instante lo que yo pensaba.
“Mi mujer sigue viva, está en mi casa con mis hijos… Estás cenizas son de mi perro” su mirada viajó al horizonte y una gota rodó bajo su ojo. “De alguna forma él siempre trató de enseñarme lo que era importante en la vida.” Se rio entre lágrimas. “Cada vez que veníamos a caminar por aquí, él corría y se orinaba en cada arco, como si no les tuviera respeto. Hoy, por fin lo entiendo… porque no importa cuántos arcos done, ningún Dios lo va a revivir.”
No dije nada, él simplemente siguió su camino… caminando lento.
Miedo
Léela Escuchando: "Ólafur Arnalds - Verses"
Giró a la izquierda para pasar por la casa, esa misma casa que albergó una ilusión, una posibilidad, un universo alterno. Un mundo donde ella no vivía ahí… tan sola.
Miró las paredes ya un poco viejas, agrietadas como las cosas que se secan, como los amores temerosos. La pintura levantada, hinchada y arrugada, como el papel que él llevaba en su bolsa. La tinta borrosa, los versos añejos, escritos hace tiempo, nunca leídos, nunca recitados. Se detuvo un segundo, imaginó como todo pudo haber sido diferente, como un minuto más hablando con ella en aquella tarde habría hecho la diferencia, habría hecho que ya no todo…fuera. Fuera como era en ese asqueroso momento. Como no debía de ser en la historia que él se creaba por las noches.
Siguió su camino.
Y como él muchos, algunos caminando solos y otros que parece que van juntos pero que están más tristes… que los que caminan solos.
Y así fue que enterró sus pensamientos, sepultó sus ganas en el cementerio de los amores que no fueron. Caminó solo.
Le dio miedo…
Amar… le dio miedo.